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Cortázar homenajeado a 30 años de su muerte y 100 de su nacimiento

Con el 30º aniversario de la muerte de Julio Cortázar (1914-1984), uno de los escritores más innovadores de su generación, se abre este miércoles un intenso año de actividades enmarcadas, además, en la celebración de los 100 años de su nacimiento.

Este año de tributos incluye exposiciones, encuentros, publicaciones y proyecciones en todo el país -el Museo Nacional de Bellas Artes, la Biblioteca Nacional y el Museo del Libro y de la Lengua entre otros-; y ediciones especiales como Cortázar de la A a la Z, libro compilado por su primera esposa Aurora Bernárdez.

Francia, México y España son algunos países adonde llegarán las celebraciones más destacadas del Año Cortázar fuera del país, encabezadas por el Salón de París donde se darán cita más de 40 escritores argentinos de la mano de la Secretaría de Cultura; y la Feria Internacional del Libro de Guadalajara junto a Cancillería.

Los homenajes incluyen iniciativas como el largometraje “Historias de cronopios y de famas”, una animación para adultos sobre dibujos y pinturas de destacados artistas argentinos como Carlos Alonso, Luis Felipe Noé, Antonio Seguí, Daniel Santoro y Crist que se estrenará entre abril y mayo en el país.

Cortázar fue un maestro de la prosa poética y la narración breve, sus novelas abrieron una nueva forma de hacer literatura que rompió moldes y cánones desoyendo la linealidad temporal y ubicadas en la frontera entre lo real y lo fantástico, cercanas muchas veces a al surrealismo y lo mágico.

Si bien vivió gran parte de su vida en Argentina -residió en Italia, España, Suiza y Francia, donde se instaló en 1951 hasta su muerte y ambientó varios de sus obras-, en 1981 optó por la nacionalidad francesa, en protesta contra la dictadura argentina.

El pequeño Julio nació en un suburbio del sur de Bélgica ocupado por los alemanes durante la Primera Guerra Mundial; hijo de María Herminia Descotte y del diplomático Julio José Cortázar.

Gracias a una abuela materna alemana, la familia logró cruzar a Suiza y luego a Barcelona para reencontrarse con sus familiares cuatro años más tarde en la localidad bonaerense de Banfield, donde el futuro escritor de “Los venenos” y “Deshoras” viviría toda su infancia -”brumosa” y “algo triste”- junto a su madre, una tía y Ofelia, su única hermana, un año menor.

Como niño enfermizo leía mucho -Verne y Poe le causaron pesadillas durante meses, recordaba más tarde un consagrado Cortázar- y su madre, quien le sugería los textos, resultó iniciadora del precoz escritor que a los nueve años ya había hecho una novela “afortunadamente perdida”, solía bromear sobre una época que le inspiró relatos como “Final del juego” y “La señorita Cora”.

De sus experiencias como profesor de Letras o fanático del box surgieron obras de sesgo autobiográfico como “La escuela de noche” y “Torito”; o el “Distante espejo” que delineron las pensiones que habitó como joven solitario mientras enseñaba en Chivilcoy, Bolívar y Saladillo.

Con 30 años Cortázar parte a Mendoza para dar clases de literatura francesa en la Universidad Nacional de Cuyo, publica su primer cuento, “Bruja”, y renuncia en 1944 cuando Juan Domingo Perón gana la presidencia, una antipatía que lo lleva a abandonar el país siete años más tarde, en 1951, para instalarse en París hasta su muerte.

De regreso a Buenos Aires, trabajando en la Cámara Argentina del Libro, publica “Casa tomada” y “Bestiario” en Los Anales de Buenos Aires, revista cultural dirigida por Jorge Luis Borges; se recibe de traductor público en inglés y francés -en nueve meses completó tres años de estudios- y esa experiencia origina “Circe”, texto que aparece en la misma publicación.

En 1953, casado con la argentina Aurora Bernárdez como traductor de la ONU en París, viaja a Italia un año para traducir la prosa de Edgar Alan Poe, logrando lo que destacaría como los mejores textos pasados al español del estadounidense.

En 1967 se separa de Bernárdez, también traductora, y forma pareja con la lituana Ugné Karvelis, quien le despierta otro interés por la política; y su última esposa sería la escritora estadounidense Carol Dunlop, con quien hizo numerosos viajes entre otros el que plasmó en Los autonautas de la cosmopista, sobre su recorrido por la autopista París-Marsella.

Ese interés creciente por la política latinoamericana lo lleva a Cuba en 1963, año que el mundo lo reconoce por Rayuela; en 1967 dona derechos de autor a presos políticos argentinos; en 1970 se solidariza con Salvador Allende; en 1974 recibe el premio Médicis por Libro de Manuel y dona el dinero a la resistencia chilena; e integra un tribunal internacional que revisa los derechos humanos en América Latina dando forma al cómic “Fantomas contra los vampiros multinacionales”.

Otro ejemplo es Nicaragua, tan violentamente dulce, libro que recupera su experiencia con Sergio Ramí­rez y Ernesto Cardenal en un viaje clandestino a la isla de Solentiname que lo devolvió a Nicaragua toda su vida y lo hizo seguir de cerca la revolución sandinista.

Tas un último y afectivo regreso a Argentina en 1983, con el retorno de la democracia y cerca de medio centenar de textos publicados -62 modelo para armar, Queremos tanto a Glenda y Todos los fuegos del fuego entre otros-, Cortázar muere en París. Su tumba, en Montparnasse, muestra un cronopio.

Fuente : www.diariodecultura.com

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